I Pedro 2:21
En la teología cristiana, Jesucristo es considerado el modelo supremo de
comportamiento humano y vida espiritual. Su vida, enseñanzas y muerte
sacrificial proporcionan un modelo a seguir para los creyentes. El Nuevo
Testamento presenta a Cristo como el ejemplo perfecto de amor, humildad,
obediencia y santidad, exhortando a los cristianos a seguir sus pasos.
El Nuevo Testamento está repleto de exhortaciones para que los creyentes
imiten a Cristo. En I Pedro 2:21, está escrito: “Pues para esto fuisteis
llamados, porque también Cristo padeció por vosotros, dejándoos ejemplo para
que sigáis sus pisadas”. Este versículo subraya el llamado a imitar a Cristo.
El apóstol Pablo anima frecuentemente a los creyentes a modelar sus vidas según
Cristo. En I Corintios 11:1. Pablo afirma: “Sed imitadores de mí, como yo
lo soy de Cristo”. Aquí, Pablo expone el principio de la imitación,
posicionando a Cristo como el estándar supremo.
Cubrir nuestros cuerpos no es para el Pastor o la Iglesia
o por ti, es para Dios. Es porque hay una generación que esta copiando algo que
le llaman moda, pero la Palabra de Dios le llama imagen.
El llamado a modelar la vida según Cristo no es meramente teórico, sino
práctico. Se anima a los creyentes a encarnar los atributos de Cristo en su
vida diaria. Esto implica una transformación del carácter y la conducta, como
se describe en Romanos 12:2: “No os conforméis a este siglo, sino
transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento.”
Vale la pena sufrir por Cristo. Hay una imagen. Esta
generación necesita ver gente que marque la diferencia. Hay una imagen que se
ha distorsionado. Demasiada permisividad se ha convertido en modelo. Eso no
es nuestro modelo. Nuestro modelo es Cristo y
Cristo no se desnudó, lo desnudaron
y la desnudez fue vergüenza, no victoria. Una vez que comprendas esto, no te
vestirás de manera que expongas tu desnudez, porque es motivo de vergüenza, no
de victoria.
Lo mejor de la vieja escuela se ha perdido. Tenían cosas
malas, pero la vieja escuela tenia ética, moral, pudor y santidad. No estamos
hablando de legalismo. Estamos hablando de favor de un modelo que
es Cristo. Si bien el llamado a imitar a Cristo resulta
abrumador, los creyentes no son dejados a su propia suerte. El Espíritu Santo
capacita a los cristianos para crecer en semejanza a Cristo (Gálatas 5:22-23)
Cristo como nuestro modelo es un principio fundamental del discipulado
cristiano. Su vida y enseñanzas proporcionan un ejemplo perfecto a seguir para
los creyentes, guiándolos en su jornada espiritual y en su conducta diaria.
Mediante el poder del Espíritu Santo, los cristianos son capacitados para
crecer en semejanza a Cristo, encarnando su amor, humildad, obediencia y santidad
en sus vidas.

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