Dr MARTIN VASQUEZ

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Mesa, Arizona, United States
EDUCATION: Holt High School, Holt Mich., Lansing Community College, Southwestern Theological Seminary, National Apostolic Bible College. MINISTERIAL EXPERIENCE:61 years of pastoral experience, 11 churches in Arizona, New Mexico and Florida. Missionary work in Costa Rica. Bishop of the Districts of New Mexico and Florida for the Apostolic Assembly. Taught at the Apostolic Bible College of Florida and the Apostolic Bible College of Arizona. Served as President of the Florida Apostolic Bible College. Served as Secretary of Education in Arizona and New Mexico.EDUCACIÓN:Holt High School, Holt Michigan, Lansing Community College, Seminario Teológico Southwestern, Colegio Bíblico Nacional. EXPERIENCIA MINISTERIAL:51 años de experiencia pastoral, 11 iglesias en los estados de Arizona, Nuevo México y la Florida. Trabajo misionera en Costa Rica. Obispo de la Asamblea Apostólica en los distritos de Nuevo México y La Florida. He enseñado en el Colegio Bíblico Apostólico de la Florida y el Colegio Bíblico Apostólico de Arizona. Presidente del Colegio Bíblico de la Florida. Secretario de Educación en los distritos de Nuevo México y Arizona.

Wednesday, April 22, 2026

LA UNCIÓN DE DIOS

II Reyes 2:1–9

La unción no se otorga para conferir estatus; se otorga para el servicio. Para cumplir una asignación divina. La unción conlleva una misión. La unción de Elías portaba autoridad profética: para confrontar a reyes, hacer descender fuego y restaurar al pueblo y acercarlo a Dios. La Unción nunca se trata de una plataforma; se trata de un propósito.

El creyente que está desea la unción de Dios, tiene una de las aspiraciones más grandes que un creyente puede tener. No se trata de emoción, espectáculo o reconocimiento, sino de vivir bajo la influencia, dirección y poder del Espíritu Santo para cumplir un propósito divino. En este tiempo donde abundan muchas imitaciones, donde muchos confunden la unción con técnicas, carisma o sensaciones, es imperativo volver a la Biblia para comprender cómo se busca, cómo se recibe y qué implica vivir ungido por Dios.

La historia de Elías y Eliseo es una de las imágenes más potentes en la Biblia sobre el deseo genuino de la unción. Allí encontramos a un hombre que no se conformó con observar la obra de Dios de lejos, ni con admirar al siervo del Señor; Eliseo quiso experimentar por sí mismo el poder que Dios, y para ello estuvo dispuesto a perseverar hasta el final, aun cuando nada parecía ocurrir.

LA EXPECTATIVA QUE DA RESULTADOS:

Uno de las características más sobresalientes en la vida de Eliseo es que tenía expectativa espiritual. Su corazón estaba alineado con lo que Dios podía hacer, aun cuando sus ojos no veían nada. La expectativa es una forma de fe activa; es una convicción de que Dios está obrando aunque todo parezca igual.

Eliseo creía que algo iba a suceder. El no seguía a Elías por curiosidad ni por interés superficial. Él sabía que Dios iba a obrar de una manera grande. De alguna manera, su espíritu discernía que un momento decisivo se acercaba. Su expectativa fue la misma que tuvo:

1. La mujer del flujo de sangre: También tenía esa convicción interna: “Si tan solo tocare”. No esperaba ver para creer. Creyó primero, y luego recibió.

2. Los diez leprosos de Lucas 17 obedecieron la palabra de Jesús antes de ver el milagro. No fueron sanados al instante, pero mientras iban, fueron sanados. La expectativa los movió.

La expectativa no es emocionalismo. Es una fe que se mueve hacia lo que Dios prometió, que actúa antes de ver el cumplimiento. Eliseo sabía que Elías tenía una unción poderosa. Lo había visto abrir los cielos con oración, confrontar la idolatría, multiplicar aceite, restaurar vidas. Pero Eliseo no quería solo ser testigo; quería ser partícipe.

Eliseo tenía claro que Dios usa instrumentos humanos. Que la unción se transmite a quienes están en el lugar correcto y con la actitud correcta. Quien está buscando la unción de Dios debe anhelarla de corazón. La expectativa de Eliseo lo preparó para pedir, para recibir y para perseverar.

LA PERSEVERANCIA QUE NO SE RINDE CUANDO TODO PARECE IGUAL:

Después de la expectativa viene una de las pruebas más difíciles cuando estamos buscando la unción: la perseverancia. Eliseo siguió a Elías en un recorrido que aparentemente no tenía sentido. Nada sobrenatural parecía suceder. No había señales, no había caída de fuego, no había palabra profética. Solo un hombre siguiendo a otro. Pero la unción nunca se entrega a los que se detienen antes de tiempo. Dios prueba la motivación del corazón.

EN BETEL NO PASÓ NADA

En Betel, los hijos de los profetas se acercaron a Eliseo y le dijeron: ¿Sabes que hoy Jehová quitará a tu señor? Era como decirle: “No tiene caso seguir”. Pero Eliseo respondió: “Sí, yo lo sé; callad”. Betel representa esos lugares donde la gente te dice que no sigas, que no vale la pena, que nada cambiará. Pero la fe madura no se rinde ante voces externas.

EN JERICÓ TAMPOCO PASÓ NADA

Luego llegaron a Jericó, un lugar cargado de historia espiritual. Pero tampoco allí se manifestó nada extraordinario. Dios no cayó, el cielo no se abrió, nadie profetizó. Sin embargo, Eliseo siguió adelante. Jericó representa las temporadas donde caminas con Dios, oras, ayunas, sirves y nada ocurre. Pero quien busca la unción sabe que la ausencia de señales no es ausencia de Dios.

EN EL JORDÁN SÍ OCURRIÓ UN CAMBIO

Solo cuando llegaron al Jordán, después de la perseverancia silenciosa, Elías abrió las aguas y Eliseo cruzó con él. El Jordán es símbolo de entrega, muerte al ego, decisiones profundas. Allí Dios unge, allí Dios respalda. La perseverancia de Eliseo lo llevó al lugar de la impartición.

EJEMPLOS DE PERSEVERANCIA:

Muchos personajes alcanzaron lo imposible porque insistieron más allá del silencio:

1. La mujer cananea insistió aun cuando Jesús no respondió a su primera petición. Su fe quebró barreras.

2. Bartimeo gritaba más fuerte cuando lo querían callar.

3. Jacob no soltó al ángel hasta recibir bendición.

Todos ellos tuvieron algo en común, su perseverancia provocó intervención divina.

LA UNCIÓN SE BUSCA INTENCIONALMENTE:

Cuando la prueba de la perseverancia terminó, llegó el momento decisivo: Elías le dijo a Eliseo que pidiera lo que quisiera. Nada cambia en la vida espiritual sin pedirlo. Dios no unge a quien no desea ser usado por Él. La Biblia está llena de momentos donde Dios invita al hombre a pedir:

1. El leproso en Mateo 8 dijo: “Señor, si quieres, puedes limpiarme”.

2. Jesús preguntó a Bartimeo: “¿Qué quieres que te haga?”.

3. El Señor enseñó que Dios da el Espíritu Santo “a los que se lo pidan”.

Pedir es un acto de humildad. Es reconocer que la obra de Dios no depende de nuestra capacidad sino de Su poder.

Eliseo no pidió fama, no pidió rango, no pidió reconocimiento. Pidió unción. Y no solo unción, sino una doble porción. Esto no era ambición egoísta; era conciencia del peso espiritual que vendría tras la partida de Elías. Quien busca la unción debe tener claridad en su petición: “Señor, quiero tu Espíritu, quiero tu poder, quiero tu presencia, quiero tu carácter”.

PASIÓN POR LA PRESENCIA DE DIOS: LA ESENCIA DE TODA UNCIÓN:

Hablar de unción sin hablar de presencia es como intentar hablar de fuego sin mencionar el calor. La unción no nace de técnicas, métodos ni emociones momentáneas; brota exclusivamente del encuentro íntimo con Dios. Cuando observamos a Eliseo siguiendo los pasos de Elías, no vemos simplemente a un hombre persiguiendo un manto, sino a un corazón persiguiendo la presencia divina que reposaba sobre el profeta. La unción que muchos desean es el resultado de una relación que pocos están dispuestos a cultivar.

El error de muchos es buscar el poder sin buscar primero la presencia. Sin embargo, la presencia es la esencia de la unción. Donde Dios está, hay poder; donde Dios permanece, hay transformación; donde Dios habita, hay autoridad espiritual.

Eliseo entendió que la verdadera herencia no era la fama de Elías ni su reconocimiento, sino la cercanía que él tenía con el Dios vivo. Por eso no se apartó de su lado, aunque no viera resultados inmediatos. Su perseverancia estaba impulsada por la pasión por la presencia.

Pocos hombres en la Biblia entendieron como Moisés lo que significa depender de la presencia de Dios. Él no se conformó con milagros, ni con señales, ni siquiera con la promesa de victoria sobre los enemigos. Moisés sabía que todas estas cosas eran secundarias frente a una sola realidad insustituible: Dios con él.

Cuando dijo: “Si tu presencia no va conmigo, no nos saques de aquí”, expresó la convicción de un corazón que había descubierto la fuente de toda autoridad. Para Moisés, avanzar sin Dios era sinónimo de fracaso, aun si las circunstancias fueran favorables. La unción verdadera nace de ese clamor profundo: “Señor, no quiero caminar sin Ti; no quiero predicar sin Ti; no quiero servir sin Ti”. Esa postura espiritual es la que preserva la pureza de la unción. No se trata de buscar experiencia, sino de buscar al Dios de la experiencia. No se trata de hacer obras grandes, sino de caminar con el Dios grande.

Josué nunca buscó ser el centro de atención. Tampoco realizo prodigios antes de asumir el liderazgo. Pero había algo en él que revelaba por qué Dios lo escogió: su amor por la presencia. La Biblia afirma que, mientras Moisés salía del tabernáculo después de hablar con Dios, Josué permanecía allí. No por obligación, sino porque allí se sentía completo.

Antes de ser un conquistador, Josué fue un adorador. Antes de guiar al pueblo, aprendió a quedarse quieto en los atrios de Dios. Ese hábito secreto fue el taller donde Dios formó su espíritu. Es allí donde se hacen los hombres ungidos: no en plataformas, sino en la intimidad; no bajo aplausos, sino bajo silencio; no frente al pueblo, sino frente al rostro de Dios. Los ungidos no se improvisan. Se forjan en el tabernáculo, donde la presencia moldea carácter, rompe orgullo y enciende pasión espiritual.

La unción siempre sigue a quienes aman la presencia de Dios. La unción naci de un corazón que reconocía su total dependencia de Dios. De una búsqueda constante de Dios. La unción fluye naturalmente sobre aquellos que buscan al Señor por amor, no por conveniencia. La unción sigue a quienes buscan la presencia, no a quienes buscan influencia.

NECESITAMOS TENER SED DE DIOS:

La sed es más que un deseo espiritual; es un grito interno que revela necesidad, dependencia y anhelo. Nadie busca lo que no desea, y nadie encuentra lo que no busca. La unción no llega a corazones indiferentes o satisfechos consigo mismos. La unción visita a los sedientos (Salmo 42:1-3). Si no hay sed, no hay profundidad. Si no hay hambre, no hay búsqueda. Y sin búsqueda, no hay encuentro. Dios responde al clamor de quienes reconocen su necesidad y se acercan con humildad.

La sed revela dependencia. La sed espiritual es un acto de humildad. Es reconocer: “Señor, sin Ti nada puedo hacer”. Cuando un creyente pierde la sed, reemplaza la unción por rutina, el fuego por método, la pasión por costumbre. Una iglesia sin unción puede funcionar en lo externo, pero por dentro está debilitada. La unción es el aliento divino que renueva todo lo que hacemos. Cada día debemos clamar: “Señor, aviva mi sed por Ti”.

LA SANTIDAD ES EL CAMINO PARA CONSERVAR LA UNCIÓN:

Dios no unge perfección, pero sí unge entrega. La santidad no es un adorno religioso; es el ambiente donde la unción respira y fluye. Los vasos sucios retienen la presencia, pero los vasos limpios la derraman. La santidad implica obediencia, renuncia y separación del pecado. Jesús vino “para hacer el bien y sanar a los oprimidos”, y quienes están ungidos deben caminar en esa misma pureza de propósito. La unción no se conserva sin santidad, porque la presencia no habita en corazones divididos.

LA HUMILDAD EVITA QUE LA UNCIÓN SE CONVIERTA EN SOBERBIA ESPIRITUAL:

Uno de los mayores peligros de quienes reciben unción es confundir el poder de Dios con méritos personales. Eliseo recogió el manto de Elías, pero nunca se lo atribuyó a sí mismo. Él sabía que el manto no era un trofeo; era responsabilidad, llamado, misión. La verdadera unción siempre lleva a la humildad. Mientras más Dios usa a alguien, más consciente es de que todo viene de Él.  La unción es para servicio, no para lucirse Dios no unge a las personas para que sean admiradas, sino para que sirvan. Cada vez que la unción se convierte en exhibición, pierde su propósito. 

¿QUÉ ES LA UNCIÓN?

Hoy la palabra “unción” se usa de muchas maneras. Para algunos es una emoción intensa; para otros, una atmósfera espiritual. En ciertos círculos se ha distorsionado tanto que parece más un concepto místico que una verdad bíblica.

La unción es para servicio, no para lucirse.  Dios no unge a las personas para que sean admiradas, sino para que sirvan. Cada vez que la unción se convierte en exhibición, pierde su propósito. La unción es poder para amar, para sanar, para levantar. No para el ego, sino para la misión. La unción es el poder de dios. La unción es la capacidad sobrenatural que Dios da para cumplir un propósito. No es un talento. No es una habilidad natural. Ni es el carisma de una persona. Es el poder de Dios obrando en un instrumento humano frágil pero dispuesto.

Esa fuerza espiritual hace que palabras simples produzcan convicción, que una oración sencilla traiga sanidad, que una predicación transforme vidas. La unción es el toque divino sobre lo humano para hacerlo eterno. La unción no es un espectáculo, ni un sentimiento pasajero. Es la presencia del Espíritu Santo obrando, guiando, capacitando y respaldando. Cuando Él unge, el ministerio adquiere vida; la palabra cobra fuego; la oración se vuelve eficaz; la adoración se vuelve profunda; el servicio impacta eternamente.

EL ERROR DE BUSCAR “NUEVAS UNCIONES” NO BÍBLICAS:

En tiempos recientes han surgido conceptos que suenan espirituales, atractivos e innovadores, pero que no tienen fundamento en la Escritura. Frases como “activación profética”, “impartición de nuevas unciones”, “unción de Débora”, “unción de Ester”, “unción Davídica para la música”, o “nuevos niveles de unción”, suelen ser usadas para describir experiencias emocionales o manifestaciones llamativas, pero no tienen fundamento bíblico.

Aunque estas expresiones han ganado popularidad, la Biblia nunca habla de “múltiples unciones” ni de “nuevos tipos de unción”. La idea de que Dios ofrece “nuevas unciones” para cada ocasión, una para cantar, otra para predicar, otra para guerra espiritual, otra para prosperidad, fragmenta la obra del Espíritu Santo y confunde al pueblo.

La Biblia enseña que la unción se puede avivar (II Timoteo 1:6), se puede multiplicar su efecto en nuestra vida por medio de la obediencia y se puede apagar por medio del pecado, la soberbia y la negligencia espiritual (I Tesalonicenses 5:19. Pero la Biblia no enseña que existan niveles jerárquicos de unción ni nombres especiales para ellas. La unción es una, porque el Espíritu es uno. La verdadera unción no depende de manifestaciones extraordinarias, sino de una vida ordinaria vivida en entrega, obediencia, rendición y comunión con Dios.

¿CÓMO BUSCAR LA UNCIÓN DE DIOS?

La búsqueda de la unción no comienza en un altar, ni en un evento especial, ni con la “imposición de manos”. Comienza en el corazón. Dios unge a los que lo buscan a Él, no a los que buscan emociones extraordinarias. Todo empieza con la sed espiritual. Quien no desea más de Dios jamás entrará en dimensiones profundas del Espíritu. La sed atrae la presencia. La falta de deseo la aleja. Un creyente frío puede cantar fuerte, predicar bien, gritar, correr, saltar pero si no tiene deseo por Dios, no habrá unción verdadera en su vida.

La unción es para los que dependen. No para los autosuficientes. Mientras un creyente se sienta fuerte en sí mismo, no podrá ser canal de poder divino. La unción desciende sobre corazones que saben que sin Dios no pueden. La unción es para quienes no se rinden. Dios no derrama su unción sobre los curiosos. Ni sobre los espectadores, tampoco sobre los que buscan reconocimiento. Ni sobre quienes se conforman. La unción es para los Elíseos de este tiempo: hombres y mujeres que deciden seguir a Dios cueste lo que cueste.

Buscar la unción de Dios es, en realidad, buscar a Dios mismo. Y la Biblia promete: “Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón”. Quien busca a Dios con todo el corazón siempre lo encuentra. Y quien encuentra a Dios, encuentra la unción.

 

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